Un cuello de botella ancho es un oxímoron, pero es real

Cuando todo es posible, la verdadera ventaja competitiva no es ejecutar rápido. Es decidir con criterio.

Un cuello de botella ancho es un oxímoron, pero es real
Photo by Andrew Seaman on Unsplash

Este artículo no ha salido de forma natural, sino que me ha costado más de lo habitual. Y no es por falta de ideas: hace tiempo que trabajo con un bloc de notas donde apunto temas para futuros artículos, así que material no falta.

Hace unos días dediqué una mañana a probar el vibe coding: programar hablando con un chat. Terminé construyendo una herramienta que resume mis reuniones a partir de la transcripción, adaptando los resúmenes al contexto de conversaciones anteriores. Lo hice porque las herramientas que había probado hasta entonces generaban resúmenes correctos pero demasiado genéricos y poco útiles para mi forma de trabajar, basada en la claridad y la toma de decisiones accionables. Varios clientes me han dicho que les gustaría usarla, pero no me dedicaré a desarrollar aplicaciones. Entre otras cosas, porque no hay nada peor que no saber exactamente lo que estás haciendo; y el vibe coding puede ser útil para experimentar, pero en manos de alguien que no es informático también tiene límites evidentes.

Pensando en esto, recordé un episodio del podcast Foc a Terra, con Àlex Rodríguez y Marc Collado, donde se explicaba que la inteligencia artificial ha trasladado el cuello de botella de abajo hacia arriba. Pero no es solo la IA. La tecnología, desde hace décadas (si no siglos), ha ido ampliando el cuello de botella de manera progresiva: antes nos costaba ejecutar por falta de tiempo, dinero o conocimiento. Hoy, la capacidad de ejecutar casi cualquier idea es mucho mayor.

Y eso genera un nuevo tipo de frustración: la ansiedad ya no viene de la falta de recursos, sino de la falta de prioridades. Sabemos que podemos hacerlo todo, pero debemos elegir por dónde empezamos. El problema no es la ejecución; es el criterio.

En este contexto, el liderazgo no consiste en hacer más cosas ni dejarse arrastrar por el sesgo de inmediatez que nos provocan artículos, vídeos o congresos como el 4YFN o el MWC, que se celebra estos días en Barcelona. Consiste en descartar mejor. Antes de lanzar cualquier nueva iniciativa, hay que decidir qué dejaremos de hacer, qué impacto económico esperamos y quién asumirá la responsabilidad real.

Como le dije a un buen cliente mío hace unos días: si pudieras contratar a una persona que trabajara 24 horas al día para ti por 300 euros al año, ¿qué le harías hacer?

Cuando todo es posible, la verdadera ventaja competitiva no es ejecutar rápido, sino decidir con criterio.

© Oriol López Villena 2026

¿Te interesa?

Oriol López Villena

Oriol López Villena asesora a los empresarios para desarrollar estrategias de crecimiento para sus negocios y convertirse en socios estratégicos de sus clientes, añadiendo, vendiendo y entregando más valor, de modo que se conviertan en clientes de por vida.

Suscríbete a la newsletter