¿Eres transparente, traslúcido u opaco?
El mayor riesgo no está en el mercado sino en tu confusión.
Hace unas semanas hablaba con los socios de una industria gerundense de más de diez millones de euros de facturación, preocupados porque no veían que la gente tuviera el futuro de la empresa en la cabeza. Les pregunté quién era esa gente y cuál era ese futuro del que hablaban. La respuesta vino cargada de conceptos vagos como "siguiente nivel" o "subir un peldaño". Luego, siguiendo con la conversación, me confesaron que su equipo directivo no podía centrarse en la estrategia porque sufría un exceso de “ruido”. De nuevo insistí preguntándoles a qué se referían con “ruido”.
John Wooden, quien para muchos fue el mejor entrenador de baloncesto de la historia, dijo una vez que “son los pequeños detalles los que son vitales. Las pequeñas cosas hacen que sucedan las grandes”.
En la empresa pasa lo mismo. Si queremos que ocurran cosas grandes, debemos ser conscientes de que las pequeñas son clave. Volviendo al ejemplo, subir un peldaño no significa nada; en cambio, especializarse en aportar soluciones concretas para un sector específico, consiguiendo que la cuota que representa en nuestra empresa sea del 25 % en los próximos dos años, es una visión transparente, y no traslúcida u opaca. Del mismo modo que el “ruido” del que se quejan los directivos es opaco, pero las interrupciones que sufren constantemente son muy transparentes, si sabemos cómo abordarlas.
A menudo nos quejamos de que nuestros equipos no entienden nuestro propósito, y eso nos lleva a comportamientos que no se ajustan a la cultura de la empresa. Entonces nos ocupamos de hacerlo más atractivo y olvidamos que la clave no está en la comunicación, sino en el detalle que no mostramos, que impide a las personas cumplir porque no saben exactamente a qué nos referimos. Si queremos diferenciarnos de la competencia gracias a un producto de más calidad que el que hacíamos hasta ahora, se entenderá perfectamente que se introduzcan controles de calidad en determinados momentos del proceso productivo. Si, en cambio, seguimos hablando de "jugar en otra liga", nuestros equipos irán perdidos y no se comportarán como esperamos, generando frustración y parálisis.
Hay tres tipos de empresas:
- Las opacas, donde la información y la visión quedan en manos de unos pocos elegidos.
- Las traslúcidas, donde se comparten objetivos que dejan margen a la interpretación.
- Las transparentes, donde todo el mundo tiene claro adónde va y cómo influye en ello su trabajo.
¿Con cuál identificas a tu empresa? ¿Y con cuál crees que la identificará tu equipo?
No te equivoques: el mayor riesgo no es el mercado en el que compites, sino la falta de foco, que lleva a una falta de acción orientada a resultados.
© Oriol López 2026