Invierte en ti mismo
Una decisión no puede ser tomada desde un miedo incierto sino desde un conocimiento consciente.
Nunca me he arrepentido de invertir en mí mismo. Y nunca he visto a ningún cliente arrepentirse de invertir en sí mismo, ya fuera comprando nueva maquinaria, definiendo su estrategia de crecimiento o, simplemente, marchando de vacaciones con la familia.
Sin embargo, desgraciadamente estamos en momentos en que, ya sea por el miedo a la inflación, a una nueva pandemia o a las guerras (entre otras causas), las empresas reducen inversiones. Lo constataba hace unos días la Asociación Española de Leasing y Renting (AELR), que detectaba una bajada de este sistema de financiación de inversiones. Y esto es una mala noticia.
Invertir en tu negocio (o en ti mismo) es una muestra de confianza a largo plazo. Una inversión de 200.000 euros en una nueva máquina, de 15.000 euros en una nueva estrategia, o de 5.000 euros en unas vacaciones familiares es algo que debería salir naturalmente (que no significa fácilmente) de nuestro bolsillo cuando tenemos confianza en el futuro. Cuando no lo hace significa que vemos unos riesgos inasumibles y no tenemos claro que nos venga devuelto con más beneficios o bienestar futuro.
Este es uno de los principales errores estratégicos de las empresas: confundir causa y consecuencia. Y éste es un ejemplo de ello.
Como una profecía autocumplida, cuando dejamos de invertir en nosotros mismos dejamos de tener la capacidad productiva para generar nuevo negocio, no tenemos claro qué camino seguir para crecer o nos angustiamos en casa y con los nuestros. Es lo que le dije a un cliente que me decía hace unos años que no invertía en marketing porque no tenía dinero; a lo que respondí que quizás no tenía dinero porque no invertía en marketing.
Toda inversión debe medirse, y eso quiere decir que debemos estudiar si nos la podemos permitir, teniendo claro de dónde saldrá el dinero y qué esperamos obtener de la misma; pero lo que no podemos hacer es frenar el negocio y nuestra vida por miedo. Puedes pensar que la maquinaria antigua puede aguantar un par de años más (hasta que todo se aclare), que sigues recibiendo más negocio del que puedes atender o que las vacaciones llegarán cuando consigas la tan preciada (y lejana) "libertad financiera".
Sin embargo, lo cierto es que si no inviertes en maquinaria nueva regularmente, el día que haya que hacerlo, la inversión quizá sea mucho más elevada. Como la brigada que pinta el Golden Gate de San Francisco, las inversiones, cuando se hacen de forma regular, son más asumibles y dan mejores resultados que cuando se hacen todas de golpe.
Si no dedicas tiempo y dinero a definir (e implementar) una estrategia de crecimiento de tu empresa, el día que el negocio empiece a bajar no te atreverás a tomar según qué decisiones y, en todo caso, irás con un retraso de meses (¡o años!).
Y, por último, si no buscas la manera de pasar tiempo de calidad con tu familia, seguirás angustiado y vuestra relación, así como la visión que los tuyos tendrán de la empresa, se resentirá. No lo olvides. No hay nada más triste que padres e hijos compartiendo la reflexión de que la empresa es un lastre en vuestra vida y no un motor de la misma.
Pregúntate, pues:
- ¿Cuál es la inversión que deberías llevar a cabo en tu empresa y tu vida?
- ¿Por qué crees que sería importante?
- ¿Qué hace que la tengas parada?
En resumen, la decisión sobre una inversión no puede ser tomada desde un miedo incierto sino desde un conocimiento consciente de lo que uno quiere conseguir y qué necesita para llevarlo a cabo. Que los árboles te dejen ver el bosque.
© Oriol López 2024