Van Halen y tus vasos sucios
Los detalles son importantes en la empresa, porque muestran y demuestran.
Sentado hace unos días con un buen amigo y empresario, me comentaba que recientemente se había levantado de un restaurante antes de pedir porque preveía que la experiencia sería nefasta. Al entrar, empezó a escuchar gritos desde la cocina, con una discusión lo bastante violenta como para oír objetos golpeando el suelo. Al sentarse, la experiencia no mejoró: vasos y cubiertos estaban sucios. Su intuición fue clara: si el material y las formas están tan descuidadas, ¡cómo será la comida!
Me recordó a una anécdota del grupo musical Van Halen, que llegó a dar nombre a una cláusula contractual: la cláusula Van Halen.
La cláusula Van Halen nace de un incidente real que su líder, David Lee Roth, explica en sus memorias: durante una gira, un escenario cedió porque el promotor no había leído los requisitos técnicos del contrato. A partir de ese momento, el grupo insertó una exigencia aparentemente absurda: un bol de M&M en el camerino, pero sin ninguno de color marrón. No era un capricho, sino un test. Si los M&M estaban mal, revisaban todo el escenario a fondo. Si estaban bien, el promotor había leído el contrato y podían estar tranquilos. Los M&M eran el vaso sucio del restaurante.
Los detalles no son decoración. Son evidencia.
Y por eso, siempre que me reúno con un cliente potencial, llego con un compromiso de confidencialidad firmado, en buen papel y a todo color. Y aunque la mayoría de las veces mi interlocutor me dice que no hacía falta, siempre lo coge. Es una muestra de lo en serio que me tomo su empresa y los retos que tiene por delante.
¿Y en tu empresa, cuáles son tus M&M? ¿Tienes los vasos sucios? ¿Qué detalles están enviando el mensaje correcto (o el incorrecto) antes de que abras la boca?
© Oriol López Villena 2026