Cuando reinventarse empeora la situación
No todos los negocios deben cambiar, pero sí que deben aceptar cuando su modelo se ha agotado.
El servicio postal danés enviará su última carta física a finales de este año, y no creo que nadie la vaya a echar de menos. Ocurrirá algo parecido al día en que se imprima el último periódico en papel: nos dolerá a quienes aún lo leemos, pero no haremos nada para evitarlo porque es natural. Cuesta admitir que los gustos personales de cada uno no siempre constituyen un mercado, pero la realidad acaba imponiéndose.
El servicio postal ha ido evolucionando y cada vez se envían menos cartas. Durante años, el correo empresarial aguantó, pero hoy parece que solo recibes felicitaciones de Navidad y postales de viajes (cada vez más sustituidas por WhatsApp). Y con eso no se sostiene ningún negocio.
Esta realidad ha llevado a empresas como Correos a vender libros, tarjetas regalo, seguros, lotería y todo tipo de servicios que parecen más fruto de la desesperación que de una estrategia consciente. Hablé de ello hace más de dos años en un artículo en el que animaba a las empresas a no hacer como Correos, y el mensaje sigue vigente. Correos ha perseguido el dinero en lugar del propósito… y ha acabado sin rumbo.
PostNord, en cambio, ha hecho algo muy distinto. No ha decidido cerrar. Ha decidido dejar de fingir. Ha aceptado que su mercado ya no son las cartas y ha concentrado recursos, talento e inversión en lo que sí tiene futuro: el envío y la recepción de paquetes. Al fin y al cabo, hablamos de empresas con un fuerte arraigo y una estructura sólida.
Seguramente PostNord, como Correos, acabará participando en operaciones de compra o fusión, porque competir con los grandes gigantes de la logística exige volumen y economías de escala. También veremos despidos y cierres de oficinas en toda Europa, pero la innovación tiene esto: a veces es destructiva.
La clave, sin embargo, no es decidir si cerramos o nos reinventamos.
La clave es entender cuándo un modelo de negocio se ha agotado, porque solo desde esa aceptación se puede pensar con serenidad el siguiente paso.
Todo el mundo querría reinventarse si tuviera la oportunidad, pero no todos están preparados para hacerlo. No por falta de voluntad, sino por mentalidad, por situación financiera o, sencillamente, por estrategia. El problema no es querer reinventarse, sino hacerlo sin aceptar renuncias.
Lo que ha ocurrido con los servicios postales de todo el mundo es que su mercado original empezó a caer hace años, pero la rigidez en su dirección (especialmente por su gestión pública) dificultó su evolución natural. Y eso los ha llevado al borde del abismo, con muy poco margen de maniobra.
Muchas empresas se niegan a mirar la realidad de frente. Siguen poniendo excusas ante una expulsión evidente del mercado, y eso las ata cada vez más al fracaso. A partir de ahí, aparecen decisiones desesperadas que buscan dinero en lugar de propósito. Y eso, definitivamente, las pierde.
Reinventarse no es añadir cosas nuevas a un modelo que ya no funciona.
Reinventarse es decidir qué dejas atrás para poder construir algo viable.
Tu 1 %
Las diez preguntas que planteaba en el artículo citado siguen siendo plenamente vigentes para quien realmente quiere reinventarse. Pero hoy añadiría una previa:
¿Estás dispuesto a pagar el precio del cambio, aunque implique dejar atrás aquello que te ha traído hasta aquí?
© Oriol López 2025