8 preguntas para innovar (y arriesgar) mejor
La innovación es hija de la libertad, y no de la seguridad. Pero, ¿dónde está el equilibrio?
La Unión Europea sigue su cruzada contra las empresas tecnológicas estadounidenses, por prácticas que definen de oligopolísticas. Y, si bien es cierto que estas empresas han alcanzado una cuota de mercado que les otorga mucho poder, no debemos olvidar dónde radica el problema real, y que se resume en uno de los principales errores en los que caen las empresas y organizaciones: buscar culpas en lugar de causas.
Si intentas buscar culpables rápidamente vendrán a tu jefe nombres como Microsoft, Apple o Google. Al fin y al cabo, juegan con tal ventaja respecto a la competencia que les permite imponer términos y condiciones que algunos consideran abusivas, y que estropean la libre competencia que hace que el mercado funcione. Ahora, desde Europa se plantea el troceamiento de empresas como Google, olvidando la raíz del problema: un exceso de aversión al riesgo, que lleva a un recorte de la libertad que la innovación necesita.
Dice Matt Ridley en su magnífico How Innovation Works que la innovación bebe, entre otras cosas, de la libertad, y es de ahí donde llace el problema europeo. La Unión Europea debería preguntarse por qué no es capaz de ver nacer y crecer empresas tecnológicas como las estadounidenses, y no seguir poniendo parches en los descosidos que le provocan empresas como Google o Microsoft cada vez que surgen. La respuesta, seguramente, abordaría problemas estructurales de la propia unión, más preocupada por el control que por la libertad.
Un cliente mío hace años que creó (y patentó) un gran producto que le permitió ganar mucho dinero y reconocimiento. Durante los primeros años, además, creó otros dos productos que tuvieron un recorrido similar al primero. Sin embargo, años después esta empresa llevaba tiempo sin encontrar la clave de un nuevo producto tan rompedor como los primeros, y eso nos preocupaba. Las personas eran las mismas y las ganas estaban allí. ¿Qué pasaba entonces? La empresa de los primeros años, eran dos amigos trabajando cerca de casa y sin ataduras económicas ni familiares. Se atrevían y tenían tiempo. Pero con los años, la empresa fue creciendo y, con ella, el equipo, las oficinas, el patrimonio y la familia. Esto imponía ciertas obligaciones que no les permitían jugar con el mismo riesgo con el que jugaban al principio. Sin embargo, teníamos claro que debíamos que volver al camino de la innovación y que éste comportaría ciertos riesgos. Por lo que hicimos ocho preguntas para evaluar nuestra aversión al riesgo (presente y pasada). Eran estas:
- ¿Cuánta presión existe en la empresa para alcanzar los objetivos de crecimiento marcados?
- ¿Qué rápido está creciendo nuestro negocio?
- ¿Qué experiencia tiene la gente para realizar su trabajo?
- ¿Qué parte de las retribuciones potenciales del equipo dependen del riesgo tomado?
- ¿Los directivos tratan de evitar las malas noticias?
- ¿Cuánta nueva y complicada información sería necesaria para gestionar nuestro negocio?
- ¿Cómo de grande es la diferencia entre la información necesaria y la disponible?
- ¿Cuántas decisiones se toman por personas que no forman parte del equipo directivo?
Estas ocho preguntas, con unos valores objetivos que marcamos, nos permitieron ver que habíamos pasado de ser una empresa altamente innovadora (¡excesivamente arriesgada, incluso!), a una empresa muy segura, pero que asfixiaba la innovación, la creatividad y la toma de pequeños riesgos.
Esto nos llevaba a hacernos una pregunta abierta que llevó a una discusión tan enriquecedora como acalorada: ¿cuán seguros estamos que aprovechamos la mayoría de las oportunidades presentes y futuras?
La Unión Europea, como mi cliente entonces, quizás está más segura troceando Google o poniendo barreras a la competencia de empresas innovadoras pero, mientras tanto, todavía esperamos a alguna empresa europea que haga sombra al gigante estadounidense. Al fin y al cabo, estamos hablando de mercados de tamaño similar y con un recorrido histórico que debería darnos cierta ventaja, ¿no crees? Sí, tenemos más que perder (por la fragilidad que comporta haber sufrido grandes guerras internas) pero también mucho que ganar, si sabemos encontrar el equilibrio entre libertad y seguridad.
Mi cliente lo logró, y a día de hoy, ha abierto el mercado estadounidense con mucho éxito. Y la Unión Europea, ¿lo conseguirá?
© Oriol López 2023